31/12/06

Aire

Grácil como un ave que surca los cielos, La Dama del Aire se dejaba guiar por las corrientes de sus amigos Bóreas, Céfiro e incluso Afer. De un confín al otro del planeta, hasta el último rincón del mismo era insuflado por la presencia de La Dama, encargada de recoger las palabras y atesorarlas dentro de una gran urna de cristal, donde las letras se mezclaban, y las frases y promesas desaparecían en la amalgama abecedaria de su interior.

Las palabras, como tantas otras cosas, se las lleva el aire con el viento.

25/12/06

Fuego

Brincando y saltando iba el genio fatuo Montepulciano cuando se encontró delante de un vetusto palacio, toscamente labrado en dura piedra, jalonado por estatuas grotescas, y recorrido casi en su totalidad por un manto verduzco de hiedra trepadora. En lo más alto del palacio, protegido por un minarete del viento y las lluvias, una pira ardía, en honor a los antiguos dioses del fuego, y que Montepulciano se encargaba de avivar cada día al alba. Llegó al umbral, y por intrincados y laberínticos pasillos, escaleras y corredores, el genio alcanzó el minarete.

Cierto día, tras haber visitado la pira en lo alto del palacio, Montepulciano encontró un corredor semioculto por la maleza, y allí, al fresco, se recostó sobre los restos de un viejo murete y se dejó llevar en brazos del sueño.

Caía la tarde, un cielo magenta sobre el palacio, cuando Montepulciano, desperezándose, salió de su letargo. Fue entonces cuando vio frente a él una estatua desgastada por el tiempo y el monzón. En su base, grabado, se podía leer aún un nombre. "Halcyon", leyó para sí el genio del fuego mientras recorría la figura con su mirada. A cada momento, Montepulciano descubría un nuevo matiz de belleza y singularidad en la figura de Halcyon. No era una estatua particularmente bella, pero era esa apostura imperfecta que presentaba la que hacía irresistible el dejar de mirarla. Y de esta manera, Montepulciano se enamoró de la figura de piedra.

Caía la noche, y el genio decidió abandonar el viejo palacio, con el recuerdo aún vivo de Halcyon en su cabeza.

Pasaron los días, pasaron las noches, y ni un instante perdía el genio en volver tras sus pasos en busca de la estatua que le había robado el trozo de carbón en ascuas que tenía por corazón. Mientras tanto, el fuego a su cargo iba extinguiéndose, mermado por pequeñas ráfagas de viento que entraban entre las columnas y por las gotas de rocío que se filtraban cada mañana por las piedras del muro. Los animales de la jungla notaron con el paso de los días el descenso de la temperatura, y alertaron a los dioses del fuego.

Piro, el más irascible, montó en cólera y en forma de rayo alcanzó al genio en su cuerpo, mientras éste miraba embelesado la estatua de Halcyon.

Ignífugo, el más incandescente, atravesó la jungla incendiando a su paso toda la vegetación y consumiendo el cuerpo ya sin vida de Montepulciano en el palacio.

Flama, el más intenso y poderoso, envolvió la jungla de un calor sofocante, que provocó la formación de nubes de lluvia que mitigaron el fuego que Ignífugo había causado en su camino hacía el palacio.

Por último, el Hombre de Fuego dirigió sus pasos hasta el genio, y con una lengua de fuego abrió el pecho humeante de Montepulciano. Allí, aún ardiendo, había un trozo de carbón. Lo recogió entre sus manos, y una vez en lo más alto del palacio, lo echó sobre la exánime pira, que resurgió poderosa.

23/12/06

Agua

El rey del mar casi murió atrapado entre las artes de un taimado pescador. Desde que la curiosidad venció a la prudencia del tritón, éste no supo refrenar el ansia por conocer la procedencia de esa misteriosa luz ambarina que, jugueteando con él, ora aparecía en la costa, ora se esfumaba como las palabras en el viento.

Una de tantas noches, mecido en un lecho de algas, soñó con alcanzar entre sus manos la cálida y distante luz. Las advertencias de su viejo padre sobre la crueldad de los seres sin cola que había allende las costas no terminaron de disuadir al joven, que se aventuró con la siguiente luna plena hasta los límites que a su pueblo les estaban permitidos. Arreciaba el oleaje, y una tormenta se vislumbraba en el horizonte. Cuando se quiso dar cuenta, las nubes negras como el pesar habían vestido el cielo, ocultando el inmenso ojo blanco que vigila las noches de los amantes. Rayos y centellas se desataron con la tormenta. Pero al fin distinguió la intermitencia de su ansiada luz. Tantos años en fosas abisales, sin más luz que la mortecina fosforescencia de algunos peces monstruosos, habían medrado en la visión del joven tritón, que no vio como la quilla de madera de una vieja embarcación se le echaba encima. Un crujido dejó sin sentido y vida al rey del mar, que pudo ver antes de abatirse en las profundidades la luz que tanto ansiaba poseer.

Cayó y cayó, arrastrado por las corrientes del océano de un confín a otro, hasta descansar en un amasijo de coral.

14/12/06

Tierra

El imparable auge del asfalto había empujado a Gaia hasta el último vergel del planeta. Un pequeño estanque de agua dulce permanecía incorrupto, latiendo en mitad de éste. Algunos tocones, jalonados por hongos, miraban como ojos desafiantes al cielo. Gaia se desplomó sobre el viejo cuerpo de Gea, hierba y tierra, mientras algunas hojas danzaban con el viento y caían, alfombrando la tumba del espíritu decadente. Finalmente, Gaia se rindió al sueño y durmió, con el ruido de las excavadoras que se acercaban. Lo último en que pensó, antes de que el dios del sopor invadiese su mente, fue que quizá aún había esperanza para ella.

6/12/06

Mad World

Paseaba el otro día ensimismado, con la melodía de Mad World en la cabeza (la versión de Gary Jules para la película Donnie Darko, original del grupo Tears For Fears, y que aparece en el anuncio del videojuego Gears of War) cuando de improviso me encontré entre calles desiertas. Calles donde no había ni un alma, pese a que los restaurantes y bares brotaban por doquier a mi paso. "Cuando se haga la noche, quizá recobre parte de su actividad"-pensé -"y será entonces, solo entonces, cuando parecerá una calle más de este mundo de locos".

Pues eso, aquí me veis en una de las calles que conducen a la famosa casa de baños de la pérfida y taimada Yubaba. He disfrutado como un mono haciendo las casas(no tanto con las perspectivas de los interiores,jeje) y aquí se ve el resultado. Hasta el próximo dibujo, que no se si seguiré con Chihiro o empezaré otra serie. Ya se verá.